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mardi 7 juillet 2009

Fiestas del Orgullo en Madrid

Es la primera vez que estoy en Madrid en la fiesta del Orgullo. Hace años que participo y fotografío la de Paris. ¡Es impresionante la diferencia! no tanto en el color o en los disfraces sino en el reflejo de esa oposición de cultura y de carácter entre los españoles y los franceses. Si tuviera que definir en una palabra el carácter español diría "exceso". No de una manera peyorativa sino en una abundancia de expresión de las emociones. Es sin duda eso lo que más he echado de menos en 14 años viviendo en Paris. En la semana del Orgullo late inevitablemente esa superabundancia que reverbera en un caos de imágenes extremas, tiernas y violentas, en un desorden de una belleza apocalíptica...















































































mercredi 31 décembre 2008

Ultimas horas del año. Fever...

Nada como un gripazo de caballo para acabar el año. Justo el tiempo de una noche etílico-danzante granadina en mini-tumulto y el virus se apoderó de mí para anularme como persona. Un vegetal febril que Marisiña adoptó, hidrató, alimentó y cuidó como la mejor y más glamurosa enfermera del universo que es. Pero no hay mal que por bien no venga y 3 días de fiebre intensa me permitieron, aparte de conocer el ambulatorio de la Chana, realizar el anual feed-back, que corresponde en estas fechas, en condiciones extraordinarias. Entre calores, sudores y escalofríos, las imágenes del año desfilaban en mi cerebro reblandecido por la fiebre como un informe semanal "especial fin de año". Sin pausa publicitaria, lo bueno y lo malo, son largos 12 meses, intensos, devastadores. Sonrisas y lágrimas. MegaVixens. Y me quedo con un verso de Kavafis "Y bebí un vino fuerte, como solo los audaces beben el placer" que me acompañó en 2008. Y este mediodía, liberada de la fiebre pero aun no muy católica, me subí en el bus para Madrid, cámara en mano y mp3 en las orejas, como cuando me quiero enterar a medias de lo que pasa fuera. Ametrallando la ruta, decenas de imágenes absurdas del último día del año como me gustan.




















Y ya en casa, apurando las ultimas horas, rizomando en youtube encontré un regalito para nochevieja... si esto no es queer, yo tampoco.

Judy Garland and Peggy Lee. I Like Men

mardi 18 septembre 2007

La noche toledana

Hay veces que una debería hacer caso a su instinto. En julio saqué con antelación el billete para ir a la inauguración de la colectiva de Sevilla pasando por Madrid. Unas semanas mas tarde sentí que no era buena idea quedarme 2 días en Madrid y compré otro para pasar un día en Granada con la ilusión de visitar la Alhambra a la que no había vuelto desde hace mas de 20 años y pasar un momento con mi querida Marisa.

La noche madrileña fue antológica, me robaron el bolso en el café mas tranquilo de Chueca. Increíble después de las veladas delirantes masbedianas y tumultuosas en las que en este ultimo año me lo podían haber robado 40 veces, abandonado en cualquier rincón mientras charlaba o bailaba en locales abarrotados del mismísimo Chueca. Hasta había visto la cara del ladrón.

Como todo el mundo sabe un bolso femenino es todo un mundo, el mío en particular un universo tecnológico: cámara de video, cámara de fotos, mp3, móvil, mas lo normal de un bolso: cartera, documentación, tarjetas de crédito, llaves….no sigo! Lo que mas me dolía era mi cámara, que se había convertido en una especie de prótesis de mi mano, artificiera del “making of” de nuestras vidas.

Seguramente el echo de vivir actualmente momentos duros, infinitamente mas graves que un robo, ha influido en mi reacción, tras las llamadas para anular las tarjetas, me he dicho que no pensaba acabar de joderme la noche en horas interminables en comisaría, que iría por la mañana con la lista completa elaborada con la cabeza despejada. Así que dije a Antonio y Manuel “no hay nada que hacer, no hablemos mas del tema” y nos fuimos a tomar otra. Dos horas después del incidente y unas cervecillas mas, delante del coche para irnos a dormir, Antonio propuso que nos tomáramos la ultima y entramos en otro local en la calle Colon.

Allí andábamos haciendo barra cuando veo al que me robo unas horas antes entrando en el bar, con el bolso de mi cámara en bandolera, intentando venderla. En unos segundos se armo el gran pollo, Antonio saltándole encima arrebatándole la cámara, el tipo chillando como si le robaran a él, yo explicando al encargado atónito lo que pasaba… Intentamos retenerle mientras llegaba la policía pero se nos escapo pese a los intentos de Manuel de seguirlo por la Corredera Baja, abortados por una amenaza con un ladrillo.

Eso había que celebrarlo y acabamos la noche en una discoteca de alterne, donde pasé las últimas horas de esa movidita noche madrileña, charlando con Cecilia una puta venezolana con un corazón tan grande como su cuerpo.

Granada, cámara en mano, un día después, fue un bálsamo maravilloso (gracias Marisiña y Flan!!!)

dimanche 26 août 2007

'¡Cuántas veces, amor, habré muerto desde que me conociste!' (AGC)


Hace tiempo que me duele ver el blog de mi web dormido. Cuando lo estrené en 2005 había decidido que seria en francés, mi lengua adoptiva y que me serviría más bien a recopilar y transmitir escritos, artículos, informaciones desperdigadas por la web de temas que me interesan. Tiempo después he abierto otros, comunitarios o personales, y me he dado cuenta de que para expresarme íntimamente en ellos, de una manera espontánea, la lengua materna ayuda mucho. Ayer decidí crear un nuevo blog, este: ‘espacio pub(l)ico’, donde meter todo, francés y español, los antiguos ‘post’ de mi blog principal y otros que había publicado por aquí y por allá.

Sin duda porque en este momento de mi vida sufro de una incontinencia emocional que ataca profundamente mi percepción de las cosas, de pronto de un modo caótico y desordenado, subyacen a la superficie pensamientos, imágenes, recuerdos aplastados largo tiempo por capas de presente continuo. Cualquier excusa es buena y diciéndome que me gustaría meter un pensamiento en la cabecera de mi blog pensé en Agustín García Calvo. Sin conocerlo personalmente Agustín a secas en mi cabeza. Así que saqué varios libros polvorientos de veinte años de una estantería, de los pocos supervivientes a mi anhelo de liberarme del peso del pasado. Llegaron como yo hace algo más de doce años a Paris, los mismos que han pasado sin leer ni saber nada de Agustín. Inevitable una búsqueda “Google”, casi como si se tratara de un padre perdido en el tiempo, la alegría de saber que aun anda dando caña por ahí, ver incluso una fotillo reciente en su casa de Zamora. Y atrapada en esas “estructuras rizomáticas” que decía J. Panera refiriéndose a la web, comenzaron a enlazarse los recuerdos de una casa de campo en una isla, sin luz eléctrica, ni tele, en los años 80, donde uno de los placeres mayores era escuchar todos los viernes en Radio-3 las charlas de Agustín García Calvo. Su voz maravillosa, su discurso lúcido, sus poemas… El recuerdo de esa otra yo veinteañera que le envío por correo un “collage” (que había titulado ‘sopa boba’) y su carta manuscrita a pluma, bellísima que llego de Zamora a Ibiza. No sé si andará todavía perdida entre mis cosas

Gracias, señor de mi amor, por no saberlo
y decirme que no lo sabes, que no.
Mi amor, el pobre, no pide más que ese no.
¡Si vieras cómo era mísero y triste temer que supieras que sí,
que el silencio hubiera de oírse como fallo sin apelación,
como testimonio infalible de la verdad!
Pero así, que no sepas si mueres o vives
le basta a mi amor, y agradece lo que callando le dices.

Con que no sepas le basta.
Que ya no espera o persigue verdad del amor
ni que alguna le dé un «Te quiero»
y lo firme por siempre jamás: le contenta y la cara se le sonríe
si alguna le dice «No sé»: tras el «no» palomas y tigres,
delfines y lirios se abren y libres vuelan.

Así que gracias, señor de mi amor:
con lo que me niegas me hinches,
rico de ti y feliz donde hubiera amores felices.
Tú no lo sabes, y basta.
Ya más no quiero pedirte,
por no enojarte de nuevo
y perder lo poco que diste, que es ya tanto.
Que tú no lo sepas deja ya libre
cualquier sin rumbo en el mar
y cualquier ventura posible.
Gracias por no saber:
tu no saber me redime a mí de saber.
Quizá estés muerto: quizá se averigüe
al fin que ese verbo tenía sentido
y lo inconcebible era verdad.
Pero ¿qué?: si ni tú lo sabes
y dices (¡gracias, señor de mi amor!)
que no y que no,
¡que me quiten ya de seguirte queriendo
y de no saber si recibes mi amor o si no
y si me quieres o quieres ya que te olvide!
Basta con eso, señor de mi amor,
y gracias a miles del «no» que me das:
él era tu vida: con él mis humildes
vilanos de amor remontan el vuelo a un cielo sin lindes.

Agustín García Calvo. Relato de amor